Ante la llegada y expansión del COVID-19 a España, las instituciones y medios de comunicación se esfuerzan en hacer saber a la población las medidas preventivas recomendadas para frenar su contagio y expansión. ¿Por qué algunos las siguen a rajatabla y otros parecen no darse por aludidos? Hoy hablamos de los sesgos cognitivos y de por qué son peligrosos en situaciones como esta.

El término conducta de salud fue definido por primera vez por Kasl y Cobb en 1966 para hacer referencia al comportamiento que manifiesta una persona sana para prevenir la enfermedad. Harris y Guten hablaban de conductas protectoras de la salud refiriéndose a cualquier actividad encaminada a proteger, promover o mantener la salud.

Uno de los aspectos más llamativos de este tipo de conducta y que resulta visible para todos es la gran diversidad individual que encontramos al respecto. Situaciones de alarma social a parte, todos conocemos personas que llevan una vida saludable y orientada a la prevención de la enfermedad (ejercicio, dieta saludable, horarios de sueño regular), mientras que otros parecen empeñados en lo contrario (tabaquismo, consumo de alcohol, drogas, sedentarismo, déficit de sueño..) ¿Por qué estas diferencias?

Son múltiples los aspectos personales que determinan las conductas de salud y, a día de hoy, aún no existe un consenso acerca de qué nos lleva, o no, a llevarlas a cabo. Las teorías al respecto son muy diferentes en función de la corriente psicológica desde la que abordemos el problema; sin embargo, podemos destacar algunos de los motivos que aparecen con más frecuencia en la literatura:

  • Vulnerabilidad percibida: qué tan probable consideramos contraer la enfermedad.
  • Gravedad percibida: si enfermamos, ¿cuál es el riesgo para nuestra vida?
  • Determinantes sociales: ¿cómo se comporta nuestro entorno? ¿nuestros amigos y familiares? ¿y los líderes de opinión?
  • Utilidad/coste de la conducta de salud: ¿consideramos que realmente las conductas preventivas recomendadas pueden ayudarnos? ¿cuánto nos cuesta realizarlas?
  • Beneficios de la conducta desaconsejada: cuánto nos gusta/apetece las conductas que deberíamos reducir, ¿estamos dispuestos a hacerlo?

Un segundo problema de estas conductas de salud, es que la toma de decisión no es tan racional como cabría esperar, y es aquí donde juegan un papel fundamental los sesgos cognitivos. Las personas no utilizamos siempre mecanismos lógicos a la hora de tomar nuestras decisiones, nuestra conducta está llena de paradojas que dejan fuera la racionalidad, arrastrándonos en ocasiones a comportamientos irresponsables, extraños o incluso peligrosos. En el ámbito de la salud, cobran especial importancia los conocidos como “ilusiones positivas del self”:  

  • Visión positiva de uno mismo: hasta los delincuentes más depravados pueden llegar a tener una visión fantástica de si mismos, alejada por completo de la realidad.
  • Ilusión de control: tendemos a considerar, más allá de lo razonable, que podemos controlar nuestro entorno con nuestra conducta. Son ejemplos, extremos pero evidentes, los del ludópata que cree poder engañar a la banca o el ritual obsesivo que previene la ocurrencia de sucesos terribles con sus conductas repetitivas.  
  • Optimismo ilusorio: el más aplicable a la situación actual, definido por Weinstein como “la creencia generalizada de que la probabilidad de que a uno mismo le ocurra un acontecimiento positivo es mayor que la de una persona semejante y que la probabilidad de que le ocurra algún suceso negativo es menor que la de una persona semejante”. Es decir, consideramos mucho más probable que se enferme nuestro vecino que nosotros mismos, pero sin embargo vemos más probable que nos toque la lotería a nosotros, ¿por qué jugaríamos si no?

¿Sabías que estos sesgos pueden explicarse desde la teoría del narcisismo psicoanalítica?

Con esta breve aproximación queremos recordar que variabilidad y subjetividad caracterizan la conducta individual, también en las circunstancias actuales, y que esto puede llevarnos a comportarnos de forma irresponsable o incluso peligrosa para nosotros o para los que nos rodean. Sería arriesgado pensar que podemos juzgar qué medida de precaución tiene sentido y qué medida podemos desestimar. Es por eso que recomendamos seguir las recomendaciones de las instituciones públicas, profesionales sanitarios y canales oficiales, expertos en la materia, dedicando nuestros recursos cognitivos a tareas que seguro nos serán más provechosas.

Gregorio Serrano
Psicólogo Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica
Consulta de Psicología en Sevilla

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