El delirante puede creer que el gobierno le persigue, que sus personas queridas están siendo reemplazadas por clones o que es el hijo perdido del emperador de Japón. Hoy aprendemos más acerca de este fascinante trastorno.

Los delirios son considerados una alteración del contenido del pensamiento, son creencias que las personas desarrollan y sostienen con firmeza a pesar de que existan pruebas evidentes de su falsedad o de que no sean compartidas por su entorno. A diferencia de otras ideas “intrusas” como las obsesiones, el delirante no lucha contra ellas, sino que las defiende convencido de su veracidad.

La temática delirante es muy variada y las construcciones que el sujeto realiza a su alrededor pueden ser increíblemente ricas y complejas. Os citamos algunos de los ejemplos más llamativos:

  • Delirio de control: sensación subjetiva de que su conducta es controlada por una entidad externa.
  • Delirio de grandeza: tener poderes especiales, ser alguien importante o incluso un ser divino.
  • Delirio de referencia:  ven referencias a su persona en hechos triviales, por ejemplo, pueden interpretar un titular del periódico como un mensaje dirigido a ellos de forma encubierta.
  • Delirio de persecución: espías, acosadores, miradas extrañas por la calle…
  • Difusión del pensamiento: creencia de que los que le rodean pueden oír sus pensamientos, que son difundidos como si de un altavoz se tratase.  
  • Delirio de Clerambault: piensan que alguien, frecuentemente un personaje público o relevante, le ama en secreto.  

Formas leves de paranoia (que las clasificaciones diagnósticas actuales incluyen dentro de los trastornos de la personalidad) son relativamente frecuentes: sujetos desconfiados, que interpretan las acciones de los demás como agresivas o humillantes, o que creen que intentan aprovecharse de ellos constantemente. Suelen ser también muy sensibles en lo que concierte su autoestima, intentando mantenerla o sobreponerse a estos supuestos ataques mostrando una actitud irónica o beligerante.

Actualmente no existe acuerdo respecto a los factores causantes del delirio, aunque las líneas de investigación más recientes pueden englobarse en dos posturas casi contrapuestas:

Una primera postura perceptualista, que considera que la persona experimenta fenómenos perceptivos extraños (por ejemplo, las alucinaciones de las que hablábamos aquí) y que el delirio no es más que un intento de darles una explicación.

Y una segunda que considera que realmente existen errores en el razonamiento, con lo que el sujeto no necesita experimentar ninguna experiencia anómala para delirar.

¿Sabías que un 90% de las personas que tienen alucinaciones deliran, como un intento de dar sentido a su experiencia?

Desde el punto de vista psicoanalítico, inicialmente el delirio se vinculó a los fenómenos de la represión y la proyección, es decir, el sujeto pondría deseos propios e inconfesables fuera de sí mismo, proyectándolos al exterior. Posteriormente otros autores, como por ejemplo J. Lacán, continuaron el trabajo Freudiano dando nuevos enfoques a esta y a otras alteraciones relacionadas. La obra de Lacán resultó de particular relevancia a la hora de abordar la psicosis desde un enfoque psicoanalítico, abriendo nuevas opciones de tratamiento para una estructura clínica durante largo tiempo reservada al psicofármaco.

“Imagina que crees ciegamente en algo, en algo que es muy importante para ti, que te aterra o te consume, que ocupa tus pensamientos cada segundo de cada día. Ahora imagina que estás solo, que nadie parece creerte, que incluso te dejan de lado por ello.”

Delirante

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Gregorio Serrano
Psicólogo especialista en Psicoterapia Psicoanalítica

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