Desmontamos 5 de las falsas creencias más frecuentes en psicoterapia que pueden estar frenando tu desarrollo personal.

Nuestra mente es muy compleja: rasgos de personalidad, deseos, capacidades y limitaciones, aspiraciones, miedos, material inconsciente… Con todo ello tenemos que enfrentarnos a un mundo lleno de vicisitudes: placeres, dificultades, oportunidades, amenazas, tentaciones, leyes y normas, aspectos culturales…

A lo largo de la vida existen circunstancias que pueden llegar a desbordarnos, situaciones que van más allá de aquello para lo que estamos preparados. En otras ocasiones no es necesario que se den hechos excepcionales, y son aspectos intrínsecos a nosotros mismos los que nos dificultan adaptarnos adecuadamente, apareciendo el sufrimiento psicológico en sus distintas manifestaciones: ansiedad, depresión, fobias, trastornos del sueño, de la sexualidad…

La psicoterapia fue concebida para ayudarnos a superar momentos de crisis o para entender aspectos de nosotros mismos que nos resultan incomprensibles. Sin embargo, a día de hoy, todavía hay personas con ideas equivocadas al respecto. Desmontamos cinco de las más comunes:

1. El psicólogo trata a gente muy enferma o con trastornos mentales graves

Puede ser, pero no en exclusiva, sería como afirmar que lo médicos sólo se dedican a realizar cirugías a corazón abierto. La psicología trabaja con las dificultades de las personas a distintos niveles y con distintos objetivos. Trabajar con un psicólogo no debe ser una circunstancia “excepcional”, sino una forma lógica y responsable de comprender aspectos de nuestro funcionamiento mental que se nos escapan y de mejorar la sintomatología relacionada.

2. Ansiedad, tristeza, estrés… acaban desapareciendo con el tiempo

Es posible, sobre todo si aparecen en respuesta a situaciones extraordinarias, pero no siempre es así. Muchas personas sencillamente “se acostumbran” a su malestar, aprenden a vivir con él o intentan aliviarlo a su manera: ejercicio, técnicas de relajación, psicofármacos o incluso conductas adictivas… En ocasiones este sufrimiento puede agravarse y constituirse en un trastorno mental.

3. Trabajar con un psicólogo es signo de debilidad mental o falta de capacidad

Pedir ayuda no es algo bien recibido por todos. Cuando hablamos de la mente además, necesitamos creer que somos dueños absolutos de nuestra vida, nuestra conducta, nuestras decisiones, y de cómo deberíamos sentirnos en cada momento. Por eso, cuando algo relacionado con nuestros pensamientos o emociones se nos escapa, lo ocultamos (en ocasiones hasta a nosotros mismos), lo negamos o lo intentamos ignorar para evitarnos más sufrimiento. La psicoterapia es un acto valiente, enriquecedor y necesario si queremos llegar a comprendernos mejor y a superar nuestras dificultades. De hecho, son por lo general las mentes más capaces y abiertas las que sacan más partido de su trabajo con el psicólogo.

4. Mis amigos y familiares pueden darme el apoyo que necesito en cada momento

No hay duda de que un buen apoyo familiar o social resulta de gran ayuda a la hora de superar momentos difíciles, pero no podemos comparar su labor con la de un profesional que ha dedicado años (grado, máster, cursos de especialización) a conocer el funcionamiento mental y las técnicas más adecuadas para su tratamiento. Confundir saber con voluntad es un sesgo muy frecuente y nocivo para nuestra salud psicológica, que curiosamente suena particularmente absurdo aplicado a otras áreas: ¿Pondrías a los mandos de tu vuelo a tu voluntarioso amigo o a un comandante experimentado? ¿y si tuvieses una enfermedad respiratoria? ¿Pedirías que te trate tu prima favorita o un reputado neumólogo?

5. Estas cosas es mejor superarlas uno mismo

Podemos aceptar con resignación nuestros miedos, limitaciones, incluso el sufrimiento como parte de la vida. Podemos seguir empujando, a pesar de la adversidad, pensando que nos hace fuertes. Podemos hacernos creer que no hay solución, que esto es lo que nos ha tocado y que hay que seguir adelante… o podemos decir basta. Todos los miedos tienen un origen que podemos hallar, no siempre el sufrimiento responde a una realidad modificable con nuestro esfuerzo y no siempre se trata de seguir empujando a toda costa, es posible disfrutar del camino. Tenemos que abandonar el autoengaño: existe una solución, puedes dar con ella y no tienes que hacerlo sol@, pero tienes que dar el paso, ser valiente sólo un segundo para empezar a recuperar las riendas de tu vida.

Gregorio Serrano
Psicólogo especialista en Psicoterapia Psicoanalítica

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