El ejemplo de Carlos, un caso de hiperexigencia.

Carlos, de 34 años, es un ingeniero informático bien considerado en su profesión como programador. Desde hace 6 años trabaja en una ingeniería que opera a nivel internacional y sus responsables están francamente satisfechos con su desempeño…

Las dificultades de Carlos comenzaron con el estómago y una desagradable sensación de ardentía y dolor que tenía sobre todo al final del día. Los antiácidos apenas y le procuraban ya alivio, y mientras antes sólo los tomaba por la noche, ahora tiene que llevarlos también a la oficina por el malestar que aparece desde la mañana. Además, Carlos llega a casa agotado e irritable, apenas y tiene tiempo para hacer deporte, los amigos o su pareja, con la que convive hace dos años.  

Tras realizarse las pruebas médicas pertinentes sin obtener un resultado concluyente, Carlos acude a consulta psicológica por recomendación de su médico de cabecera.

A lo largo de las sesiones, aparece la híper-exigencia de Carlos consigo mismo y cómo ha supeditado el resto de áreas de su vida a su trabajo, más allá incluso de los requerimientos propios de su puesto. Durante su análisis descubre como su padre, autónomo electricista de profesión, ha influido de forma notable en la forma en la que afronta su vida profesional. Recuerda cómo veía a su padre llegar a casa ya de noche y agotado, a pesar de lo cual el único mensaje que le repetía cada día era “que nadie nunca pudiera poner en cuestión su profesionalidad”. Finalmente comprende cómo había malinterpretado lo que su padre quería transmitirle con aquello, lo que le había llevado, sin ser consciente, a trabajar más de lo necesario, a no negarse nunca a asumir más tareas y a restar importancia al cuidado del resto de ámbitos de su vida. Él sólo estaba cumpliendo con el malinterpretado deber impuesto por el padre.

A día de hoy Carlos sigue estando tan bien considerado en su trabajo como antes, ha aprendido a medir lo que puede hacer diariamente y dejado tiempo para otras cosas. La relación con sus compañeros ha mejorado, que lo ven “menos fatiga”. Después del trabajo, dedica al menos dos tardes a hacer remo, algo que tenía en mente hace mucho tiempo. La relación con su pareja se ha visto afectada también positivamente, hay menos discusiones y el ambiente en casa se ha relajado. Existen elementos inconscientes que condicionan nuestro día a día pasando desapercibidos. Descubrir y encontrar su significado nos ofrece la posibilidad de relacionarnos con el entorno de forma diferente, cambiando nuestra perspectiva de lo que nos rodea y de nosotros mismos.

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Gregorio Serrano
Psicólogo especialista en Psicoterapia Psicoanalítica

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